sábado, 4 de abril de 2015

La hora de Oliverio

A Oliverio le duele la espalda, aparte de que se queja de  estar cansado. Todas las consultas terminan, luego de mis últimas palabras con la mirada de Oliverio esperando algo más, no creyendo que no pueda haber una solución.

Oliverio, como consecuencia de mi frustración y la de él, claro está, va a una traumatóloga.

Oliverio vuelve de la consulta con la traumatóloga a que yo le traduzca, le explique, le descifre, si vale la palabra, todas las cosas que en los pocos minutos de la consulta escribió la traumatóloga en cuatro recetarios diferentes:

En el primero: RPG x diez sesiones (diez sesiones de rehabilitación postural global).

En el segundo: Gimnasia médica x 10 sesiones.

En el tercero: FKT x 10 sesiones (diez sesiones de fisio-kinesio-terapia).

En el cuarto: natación, aquagym, yoga, tai-chi, pilates. Todos encerrados en una llave que termina apuntando “3 semanas”.

Varios colores (rojo, azul, violeta y verde imagino) van subiendo por mi cara a medida que veo los recetarios.

Oliverio hace varias consultas a las que desde hace un tiempo lo está acompañando su hija. Gente muy buena Oliverio y su hija; ambos incapaces de elevar siquiera la voz o quejarse airadamente. Entonces, los colores imaginados (rojo, azul, violeta y verde) que suben por mi cara, hacen de victimarios. Oliverio, y su hija ahora, son víctimas del “cada maestrito con su librito” como suele decir la gente ante las contradicciones que exhibimos y ante las que los exponemos los médicos.

La medicina prometió y promete de todo, hace creer diariamente por las radios, los diarios y la televisión que todo se puede prevenir.

¡Ah! Olvidé decirles que Oliverio tiene… 89 años. Sí, 89 años.

Los traumatólogos manejan muy bien el trauma y los problemas ortopédicos que son operables, quirúrgicos como decimos los médicos. Como las artrosis de cadera o de rodilla o las hernias de disco cuando se tienen que operar. Y al que le duele la espalda le hacen una radiografía, que en general no aporta nada, porque la semiología sirve en la mayoría de los casos para saber qué es lo que está pasando, y, casi invariablemente le indican 10 sesiones de fisio-kinesio-terapia.

Pero a la artrosis y a la vejez no las "cura" nadie. Nada hay para curarlas. No es cuestión de vitaminas, las inyecciones no son mejores que las pastillas, el cartílago de tiburón es una mentira, las propagandas de las radios son cazabobos de colegas inescrupulosos que solo pretenden robar algunas consultas y vender más espejitos de colores.

O, como en este caso, la colega, convencida de que lo que hace está bien y debe ser así, le sacude toda la batería de espejitos que hacen viajar a Oliverio por la India con el yoga, por la China con el tai chi y anfibiamente desde los pilates al aquagym.

La colega, irreflexivamente prescribe cosas que no sirven para nada, excepto para aumentar el riesgo de Oliverio que deberá pedir turnos y venir todos los días a que le pongan una plaquita caliente en la espalda o se la retuerzan orientalmente o lo sumerjan en una pileta llena de agua y de viejos esperanzados.

Oliverio deberá, en el mejor de los casos tomarse un taxi, bajar en calles con autos en doble fila, colectivos desbocados, ambulancias, taxis, motociclistas, baldosas flojas y soretes de perro. Luego de esperar una horita y diez minutos de la panacea salvadora de origen oriental, electromagnético o hídrico, deberá repetir el calvario para regresar a Villa Urquiza y volver a los cinco o seis días, así, hasta “completar el tratamiento”.

Todo, absolutamente todo, es una ridícula insensatez.

Insensatez que pretende unir el inconsciente deseo de eternidad por parte de los Oliverios y sus hijos y el “todolopodemos” de una medicina irreflexiva, berreta, mentirosa y de mala calidad.

No estoy diciendo ni proponiendo lo que proponen algunos: “acostúmbrese a convivir con el dolor”. El dolor es demasiado fiero para convivir con él. Pero hay métodos y métodos de encararlo.  Muchas veces, muchas… no podremos resolver su causa. Simplemente debemos tratarlo.

La vida no es eterna. Llega un momento, el momento de Oliverio, en que nada alcanza, todo es insuficiente. Es el momento en que nuestra furia intervencionista se debe mirar en el espejo de la sensatez y decir “hasta acá llegamos”. El momento en que, quienes lo entendemos así, solemos quedarnos sin paciente. Se cambiarán de médico porque “el doctor ya no es el de antes”, cuando en realidad, Oliverio ya no es el de antes. Pero es mucho más fácil mentir la esperanza que comunicar la realidad.

Dentro de pocos días, me cruzaré con Oliverio y sus hijas (ya serán dos las que lo acompañarán en sus excursiones salvadoras). Bajarán la mirada y no me saludarán, estarán en manos de un nuevo médico, brioso corcel que iniciará nuevos estudios, propondrá nuevos tratamientos y nuevas esperanzas.


La medicina es mucho, muchísimo más limitada que lo que la gente cree o lo que los médicos pretenden que parezca. La gente y los médicos suelen creer que el ser humano vive cada vez más por la medicina. No es así. La medicina contribuye muy poquito a mover la aguja de la longevidad y la mueve solo para los que tienen acceso a ella. Hace poco, dije esto en una mesa y un profesor de la facultad casi se levanta y se va de la indignación. Todavía debe estar pensando que soy un hereje y un burro. Sin embargo, es así profesor. La aguja de la longevidad se mueve por otras cosas, en el África subsahariana la gente vive treinta y cinco años porque no hay agua, ni alimentos y porque hay guerras. Después llega la educación, después, recién después, los antibióticos y los médicos. 

No reniego de la medicina, creo conocer sus límites y detesto sus exageraciones,  falacias y espejitos de colores.

8 comentarios:

  1. el más sano de los escepticismos. Me encantó y comparto plenamente y no te cuento los espejitos de colores que se venden por mis pagos. Abrazo. José Luis

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  2. Tendríamos que investigar si los excesos de prevención y tratamiento no estarían teniendo un efecto inesperado (y no deseado) referido al "factor protector" sabiduría, que tendría que tener valores bastante altos para la edad de Oliverio. Los estudios de siglos pasados parecían haber demostrado la relación directa entre "años vividos" y "sabiduría alcanzada". Tenemos un problema!

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  3. Vengo leyendo desde hace tiempo y coincido con cada una de sus impecables reflexiones, muchas gracias por compartir.

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  4. Coincido con los anteriores comentarios, lo que ocurre es que cuando a uno/a le duele, quiere algún paliativo, y no son terapias para aplicar a una persona grande, que nunca hizo alguna actividad...

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  5. En realidad si Oliverio cambio de medico, buscaba algo mas...algo que tu no le ofrecias
    Esa sola actitud deberia haberte llamado al silencio
    Oliverio tiene 89 años, se remarca como si fuera importante, para alguien, asi tuviera 189, Oliveria busca algo mas, felicito a la doctora que le ofrecio alternativas, aunque sea para mantenerlo entretenido, y olvidarse del dolor por un segundo, alternativas que le hacen olvidarse que tiene esos 89 años que parecen importarle a alguien, 89 o 19 que mas da, si al que los porta no le interesa...
    El encarnizamiento medico existe cuando el paciente baja los brazos, mientras el paciente busca, es mala praxis no ofrecerle, aunque sea placebo, ofrecerle alternativas, ya que a veces nuestra ciencia se queda sin respuestas.
    Algunas veces creo que para "hablar" (escribir) hay que superar al silencio
    La medicina se trata de curar muy pocas veces, aliviar a veces y contener siempre, asi tengan 90 o 20 años, ofreciendo alternativas, SIN MENTIR, pero ofreciendo algo al que busca, o derivando a tiempo, SIN ser dueños de verdades, ni sentenciando en blogs, como si fueramos dueños de verdades absolutas.

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    1. Esteban
      Tu consejo casi imperativo, y en tono castizo, de que me llame a silencio toda vez que mis pacientes busquen algo más que lo que yo o la medicina les podamos ofrecer no me parece comprometido. Mi compromiso está en poder responderles y ofrecerles lo que de alguna forma pueda serles útil.
      El hecho de que Oliverio tenga 89 años no es una discriminación, ni da lo mismo es una estratificación médica. No es lo mismo tener 19, 59 u 89 años. Jamás se me ocurriría buscarle sistemáticamente aneurismas de aorta a jóvenes de 19 años y no es lo mismo alguien de 59 que jamás fumó que alguien de la misma edad que lleva 34 años fumando como bien sabrás por tu especialidad, si es que no me equivoco pensando que sos (eres, para utilizar tu castellano puro) cardiólogo. Aún no vi, y no creo que vaya a ver, pacientes de 189 años.
      Tu concepción de la medicina como instrumento para mantener entretenidos a los pacientes es muy original y bastante poco feliz si estos “entretenimientos” implican más riesgo potencial que beneficio sobre el mal que pretenden aliviar. No los aconsejo ni te aconsejo que los aconsejes.
      Tu relación del encarnizamiento terapéutico con la altura de los brazos de los pacientes no es menos original. El encarnizamiento terapéutico no tiene que ver con cuán altos tenga el paciente los brazos en su reclamo sino con la futilidad de los procedimientos indicados y el riesgo al que los exponen cuando supera con creces el beneficio potencial. La colega a la que felicitás actuó por inexperiencia con un amplio menú de “entretenimientos” que no le van a hacer más que daño a Oliverio.
      Muchas veces, muchas, nos quedamos sin respuestas. En ese caso, es mejor ser claros en que no las tenemos y acceder a su búsqueda si esta es menos riesgosa que el mal en sí.
      Mis escritos no pretenden ser verdades absolutas, ni sentencias, ni tampoco me creo dueño de ellas.

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    2. Carlos
      Son puntos de vista, realmente tu escrito es imperativo, por eso escribi asi.
      No soy religioso, soy cientificista (no lo considero negativo), me peleo a diario con algunas medicinas alternativas (especialmente el psicoanalisis)
      Pero Oliverio buscaba algo mas, y no hay nada peor que te desahucie tu propio médico, siempre se puede hacer algo, aunque sea buscar juntos una solucion.
      Y si el paciente busca alguna solución debemos brindarsela, aunque consideremos "encarnizamiento terapeutico"
      Hablar de "encarnizamiento terapeutico" es muy difícil, los limites son confusos, creo que respetar las libertades individuales de cada paciente es lo mas sano.
      No existe encarnizamiento terapeutico, en una persona en su sano juicio y con poder de discernir, simplemente la empatia te aclara este punto, por suerte los pacientes buscan en otros, cuando imperativamente decretamos eso.

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  6. Me llama mucho la atención que Esteban ubique al psicoanalisis como una "medicina alternativa". No habia escuchado antes esto y me parece algo incorrecto.

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